viernes, 14 de abril de 2017

El Eliades que puso a bailar al mundo

En casa de Eliades con el Libro:  Como Cuba puso a bailar al mundo
Eliades Ochoa puede ser a la vez el tipo más común o el hombre más extraordinario, quizá su acento aún tan reyoyo, ese Santiago que se le asoma en cada frase se le mezcla con todos los acetatos, los libros, premios y afiches que mantiene en su propia oficina.

Hoy en La Loma de la Avispa, mañana en París, Suiza, Estocolmo o Ciudad México, irá igual; de negro con sus botas prolijas y  el sombrero sobre la vida.  Recuerdo en este minuto el más reciente abrazo, aun me queda en la camisa. Su oficina, Grisel María Sande, su compañera quien acomoda en mi mano el vaso con el brebaje que remata el calor habanero.

¿Y quién grabó el Chan Chan por primera vez? Le pregunto y me dice: Eliades. Lo sé y me río porque la historia la he escuchado en otra parte. Cuando me habla de Compay Segundo se le nota el respeto, el amor por el viejo maestro: ¨No me gusta hablar de algunas cosas¨, dice pero me recuerda que Compay estaba en un retiro que no le permitía la holgura. Torcía tabacos, sobrevivía apartado de la música, o casi, hasta que se encuentra con Eliades y comienzan a grabar una y otra pieza.

Nos reímos, porque Eliades tiene una versión muy particular de Juanita, aquella que cuando sacudía el jibe  hacía sentir pena a Chan Chan y volvemos a hablar ya no de Compay sino de Ibrahím. Le digo que Ibrahím estuvo siempre haciendo de segundo de grandes nombres, pero Eliades enmienda la plana,  recuerda el Platanal de Bartolo y sí, con los Bocucos Ibrahím Ferrer hizo furor, solo que no cantaba boleros como lo hizo con el Buena Vista.
Así vamos juntando fichas y es Omara Portuondo que no para, me dice Eliades, llega de Japón , canta en Cuba y se va al otro día a México, con una energía pertinaz, una risa alta y esa voz. La voz de Omara.

Y Rubén González aquel genio, Cachao, Miguelito Valdès, Juan de Marcos, Puntillita . Toda aquella tropa que hizo bailar al mundo como diría Juan Carlos Roque.

Ya le digo era una tarde habanera y pude hacer eso, entrar al reino de Eliades  y plantar diálogo en torno a su vida y sus canciones. No faltó en la charla la juventud que sabe admirar : William Vivanco, Buena Fe y Ray Fernández, esa suerte de ¨nueva adquisición¨, ese juglar moderno con quien ya ha grabado un nuevo tema.

Así pasan los minutos y en uno de los estantes veo aquella reconocida placa de Buena Vista, es un vinilo. Una joya. Los libros de su compañera Grisel María Sande y  como escuchando ,  el texto del ya citado Juan Carlos Roque. Un libro que Grisel me ha dicho quiere mucho .

Asì la tarde murmura el fin, Eliades va de su canto a la muerte, sin transición casi, no teme decir que ya ha diseñado su bóveda en Alto Songo, el mismo lugar donde tambièn vio abrir la casa donde naciò y servirà de guarida a los trovadores locales. Un tipo comùn y multipremiado, que ha llenado estadios en todo el planeta y habla en el mismo tono de Win Wenders o de un trovador de Alto Songo. Este Eliades que puso a bailar al mundo merece todo el respeto que impone su sencillez y su grandeza.

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