jueves, 17 de abril de 2014

Mi Gabo personal





Que no tenía un testículo descomunal ni dormía sobre el brazo izquierdo y en el piso, ni tenía cientos de sietemesinos que le vigilaban el amor del medio día, dicen que no era realmente así, que no se enamoró de una mujer que le traía mariposas amarillas por todas partes, que no anunció la muerte de aquel hombre rotundo, que García Márquez no es el ahogado más bello de esta tierra, que la gente dice aquel  monólogo porque hoy llueve en Macondo.

Yo lo conocí ya en la universidad, llegué tarde,  y mi país se parecía a los de sus novelas y  yo venía de un sitio donde los hombres curaban a las vacas con palabras, por eso terminé pensando que José Arcadio Buendía vive en Llanos de Maceira y que estará amarrado a la soledad de una guácima de aquel pueblo raso.

Lo leí y releí cuando los hombres hacían potajes con hojas de plantas desconocidas y en nombre de la patria matábamos la sed con rones inhóspitos, y lo seguí siempre a García Márquez, con sus personajes que hablaban como si fueran filósofos, hombres ignorantes de una muerte que sabían todos.

Y lo leí casi indiscriminadamente y me preguntaba como el Patriarca sobre Darío, ¿cómo era posible que juntara las palabras de ese modo este colombiano? Este ser cuasi inédito que escribía como hablaba su abuela, que tratara de ir en guayabera a recibir el Premio Nobel. Este colombiano universal, este periodista de náufragos y clandestinos  difícil de entrevistar.

García Márquez en ese tiempo de descubrimiento tenía a mucha gente  tiritando porque creían en ¨El amor en los tiempos del cólera¨, yo seguí con sus ¨Cien años de soledad¨ y le creía cuando hablaba de su Amor por ¨El coronel no tiene quien le escriba¨ y me reía al saber de ¨La Increíble y triste historia de Cándida Heréndida  y su abuela desalmada¨

Por eso lo recordaba en esta tarde cuando con toda esa tecnología de hoy se nos anunciaba que no estaba más, él Gabriel García Márquez, sí hizo mucho con su vida, pero para nosotros el destino está escrito, no tendremos más a Gabo y quizá no tengamos otro hasta que pasen cien años y no hay una segunda oportunidad.


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